Para entender el esquí argentino hay que mirar hacia un cerro de la Patagonia cuyas agujas rocosas, recortadas contra el cielo, le dieron su nombre. El Cerro Catedral, a pocos kilómetros de San Carlos de Bariloche, no fue solo el primer gran centro de esquí del país: fue el lugar donde una práctica importada se volvió tradición local.
Los pioneros y el Club Andino
En las primeras décadas del siglo XX, un grupo de inmigrantes europeos y aventureros locales empezó a explorar las montañas que rodean el lago Nahuel Huapi. En 1931 nació el Club Andino Bariloche, una institución que impulsó la exploración de las cumbres y la práctica del esquí mucho antes de que existieran medios de elevación. Subir a pie para luego bajar esquiando era, entonces, el único camino posible.
La llegada de la infraestructura
Hacia mediados del siglo, la construcción de los primeros refugios de montaña y, más tarde, de los medios de elevación, transformó al Catedral en un destino accesible. Lo que había sido una hazaña reservada a unos pocos se convirtió en una experiencia abierta a familias, turistas y deportistas. Bariloche empezó a crecer al ritmo de la montaña, y el esquí pasó a formar parte de su identidad.
Un símbolo que sigue vivo
Hoy el Cerro Catedral es uno de los centros de esquí más grandes de Sudamérica, con decenas de kilómetros de pistas y una vista privilegiada sobre los lagos andinos. Pero más allá de las cifras, conserva algo de aquel espíritu pionero: cada temporada, miles de personas repiten —sin saberlo del todo— el gesto fundacional de quienes subieron por primera vez esas laderas en busca de la nieve.
